
Hace ya varios años que transcurre esta historia, uffff menos mal, dado que si hubiese ocurrido recientemente, no la contaría. No recuerdo con presición que edad tenía, imagino que tenía entre once y trece años, probablemente la edad en que a uno se le ocurren las cosas mas extrañas, por ejemplo; un amigo pensaba que si saltaba desde el techo de su casa con una tabla en sus pies, al ir acercándose al suelo éste podría volver saltar de la tabla y caer como si nada, perfectamente. Como podrán imaginarse en dicha jornada, la leyes de la fisica no acompañaron a mi amigo y creo la verdad, que hasta el día de hoy no lo acompañan. Volvamos a la historia que involucra directamente al creador de este blog. Era verano o tal vez primavera, día de sol, el asunto es que me había comido dos empanadas de esas domingueras, un par de vasos de bebida cola, un poco de fruta, una tasa de helado con una galleta de chapaña (probablemente fué mas de una galleta), sin ser suficiente lo anterior, me comí un picnic una barra de chocolate con mani, si bien no tengo tan claro por qué, ocurre que algo me calló pesado. La tarde la pase en el baño, esas tardes en las que un joven de doce años disfruta leyendo las etiquetas de los shampoo, las cremas, las pastas de dientes, desodorantes y todo lo que uno pudiera encontrar.
Es difícil imaginar que alguna de las personas que lea este verídico cuento, no conozca la consecuencia de pasar una tarde a solas en el baño, a parte del sudor, la deshidratación y las conversaciones regulares con el espejo, ocurre algo que le pasa a las guaguas, se te coce el poto, no conozco la palabra técnica para dicha situación pero debe ser algo así como Ortus cocidus, todos conocemos la molestia y el dolor que significa, mas aún, si ya no contamos con un hermano menor que use regularmente alguna de esas cremas tan efectivas como el potiglos. Bueno, hasta aquí esta historia no tiene ninguna gracia, de hecho es una historia común y corriente, sin embargo, en la cuspide de mi desesperación tomé un frasco, no cualquier frasco, un frasco de colonia pachulí que mi tata guardaba celosamente en su closet, el frasco yacía en mis manos, en ese momento era la solución evidente a todos mis problemas, fuí en busca de un algodón y aquí viene una de las ideas mas gloriosas que he tenido en mi vida, con el trozo de algodón en una de mis manos y en la otra la colonia pachulí, mezclé estos dos intrumentos y habriéndome paso entre los canales de mi ano, deposité el algodón rebosante de colonia justo en el centro del orto. Tras algunos segundos de confort, vino el ardor mas desgarrador que he sentido, sin saber como reaccionar la pedí a mi hermano me soplara el oyo, textual, "pablo soplame el oyo", cuestión a la que evidentemente se negó, sin tener muchas alternativas asomé el culo por la ventana esperando el viento hiciera su trabajo, al rato el dolor habia amainado, seguia con el poto cocido pero a esas alturas ya poco importaba.
Hoy mas adulto, recuerdo la escena y la verdad siempre imagino un corto, un poema o un cuento. Quien sabe mañana soy objeto de una película taquillera de Nicolás Lopez o Matias Bice, Quien sabe........
3 comentarios:
Jajajajajaja... cómo olvidar esa historia!!! es notable!!! gracias por compartirla nuevamente! otra vez me hice pipi de risa!
Bechitos! te quiero!
wennnaa nicoo...sabia que de algun lado venia esa costumbre de andar pidiendo que te chiflen el oyo..jjja un abrazo amigo y esta weno el blog
Con Razon !!
Oye, le pusiste una "i" de ma's. no es matias, es MATAS el diector que te va hacer el corto... te acordai el video en el colegio?? jajaj Salu2 Futbolista.
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